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Archive for 9 mayo 2013

La novela “urantiana”

Habitualmente no me gusta categorizar nada. Eso de etiquetar las cosas siempre me ha parecido un intento de simplificar demasiado la realidad, y la realidad suele ser más compleja de lo que pensamos. Pero cuando algunas personas me han preguntado acerca de mis novelas, esa clásica pregunta de “¿y sobre qué género escribes?”, me veo muchas veces titubeando entre el apelativo a elegir. ¿Qué décir? ¿Que es novela histórica, sin más? ¿O como a veces suelo decir, “histórico fantástica”, esta última más bien por evitar ulteriores preguntas que por otra cosa, porque parece que todo el mundo entiende qué es eso de la “novela histórico-fantástica”? Que me aspen si sé lo que es algo así: ¿una novela histórica puede ser fantástica a la vez? Normalmente la novela o es histórica o fantástica. (Por mucho que un autor haya podido dejar caer algunas dosis de fantasía, incluso fantasía completamente irreal, dentro de una sólida novela histórica, la novela no deja de ser histórica.)

Pero lo cierto es que nunca me he sentido muy satisfecho diciendo eso. Realmente no escribo novela ni histórica ni fantástica, o al menos yo no lo veo así. Puede que me documente históricamente pero el tema central que busco nunca es la recreación histórica. Y puede que a muchos les suene a fantasía oír hablar de seres llamados “Importancia del Tiempo”, “Melquisedec” o “ángeles mediadores” (midwayers), pero para mí no es fantasía, tengo que decirlo. Para mí esto último es tan real como la realidad histórica y documentada que pueda rodear cada novela.

Puede sonar un poco “excéntrico” decir hoy en día que uno cree realmente en la existencia de ángeles y de otros seres propios de la mitología y el imaginario de las diferentes religiones antiguas. Poca gente considera hoy con un mínimo halo de credibilidad estos mitos antiguos. Quizá hablar de alienígenas, o de extraterrestres, suene más “moderno”, más “creíble”, para la generación en la que vivimos. Pero, ¿hablar hoy de ángeles o seres parecidos? ¿Acaso no nos suena un tanto infantil aquel a quien se le ocurre dilucidar sobre estos temas?

¿Cómo denominar entonces esto mío?

Pues lleva cierto tiempo revoloteando en mi cabeza una denominación, que como todas no me satisface, pero que al final expresa mejor que otras la realidad de lo escribo: “novela urantiana”.

Sí, ya lo sé. Suena pésimo eso de “urantiano”. A mí me suena a “marciano”. Pero puesto que soy creyente de unas revelaciones que han dado en llamarse “El Libro de Urantia” (aunque nos pese un poco el título y no sea del todo correcto), y puesto que tengo que afirmar que mi influencia primordial proviene de estas revelaciones, no parece descabellado que empiece a hablar de mis libros como de “novelas urantianas”.

Bueno, y a todo esto, ¿qué es la novela urantiana?

Pues básicamente son relatos o novelas cuya fuente esencial de inspiración son las revelaciones contenidas en “El Libro de Urantia”. Lo cual a muchos les llevará a hacerse una lógica nueva pregunta: ¿Y qué es “El Libro de Urantia”? Y ahí esta entrada dejaría de tener unos pocos párrafos y nos iríamos a una extensa explicación que es mejor no caer en ella. Baste decir que es “una puerta por la que se puede entrar en un mundo nuevo lleno de aires frescos y muy renovados sobre las antiguas ideas religiosas“. Pero es algo que no se puede explicar con palabras. Mejor dejo esa “puerta” ahí para que los lectores que de verdad tengan una mente abierta a nuevas ideas y ganas de descubrir otras alternativas a las creencias tradicionales la atraviesen si quieren. Quien quiera cruzar esa puerta no tiene más que googlear un rato y lanzarse a la aventura.

¿Exiten autores que hayan escrito ya “novela urantiana”?

Sí, ya lo creo, aunque ellos no lo estén denominando así. El mayor exponente es el escritor J. J. Benítez y su saga “Caballo de Troya“. Algunos otros de sus libros, como “El Testamento de San Juan“, no podrían caer en mejor denominación. Pero hay otros muchos autores no tan conocidos que también están en la línea. Algunos ejemplos: Christian Liur con “Los círculos de la Verdad“; George M. Barnard con “The search for 11:11“; Olga López con “Diálogos con Sofía“, “Nos vemos en tus sueños“, y “El largo viaje a Edén“; Miguel Ángel Antúnez con “Tropiezos con la Verdad“; Mark Kimmel con “Trillion“; Serge M. Jusyp con “Otma 82-The First Day“.

La lista no deja de crecer poco a poco. Y todos ellos tienen ese denominador común de estar animados por esa revolución silenciosa de las ideas que está introduciendo “El Libro de Urantia”. Una influencia discreta pero notable que está llegando cada vez más a más rincones literarios, y a más autores, y muchas veces sin que nos demos cuenta. Mi reconocimiento hacia ellos. Ojalá algún día se convierta esta creciente colección en un género en sí mimo.

Ya empieza a haber un buen número de títulos

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