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Archive for 3 enero 2014

Quién fue (II): Arnau Amalric

La historia le ha conocido sobre todo por una frase: “Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”. Una frase sobre la que caben pocas dudas de que la haya pronunciado. Pero fueron más sus actos que sus frases las que hablaron por él. Y este clérigo ambicioso e inmisericorde se ha ganado un puesto en el podio de los hombres más despiadados de su tiempo.

Arnau Amalric nació en Narbona y tuvo una meteórica carrera en la Iglesia, donde tras ser nombrado abad de varios de los monasterios más prestigiosos, llegó luego al más alto cargo de Cîteaux. El papa Inocencio en seguida le fichó como legado, y aunque no le concedió la púrpura cardenalicia, sí que debió asegurarle un cargo muy sustancioso, a juzgar por lo que luego ocurriría.

Corría el 12 de marzo de 1212 y el antiguo abad no dudó en nombrarse a sí mismo tanto arzobispo como duque de Narbona. Semejantes atribuciones no pasaron desapercibidas para nadie en su época. El ducado de Narbona correspondía adjudicarlo al conde de Toulouse, y el aspirante a gobernar esas tierras, el cruzado Simón de Montfort, también estaba detrás del título. ¿Y el Papa le depuso de este cargo? Al contrario, dejó la cosa estar. Sin duda porque ya antes había hechos ciertas promesas al fiel Arnau.

El esperpento que esto debió ocasionar en la época es digno de leerse en las crónicas, que no saben cómo tratar este tema. Un clérigo que adopta cargos civiles y a la vez mantiene los eclesiásticos no era algo tan raro en la Edad Media, pero de tal calibre es quizá uno de los pocos casos. El asunto derivó en un conflicto bastante peliagudo en el que el Papa finalmente tendría que intervenir para reducir la desmedida ambición del clérigo.

Quizá este fue el gran problema de Arnau Amalric. Este hombre no conocía límites a su ambición. Cuando dirigió al ejército que debía reinstaurar el catolicismo en los condados meridionales no se contentó con quitar y poner unos pocos condes y con eliminar a unos cuantos herejes, como otras acciones militares similares habían hecho en el pasado. Pasó a cuchillo a toda la población de Béziers como escarmiento, y luego no paró hasta hacer excomulgar a todos y cada uno de los condes meridionales. Sencillamente, quería echar a toda la nobleza occitana de sus tierras, y suplantarla por nobleza venida de Francia. Y hubiera tenido éxito de no ser por la enconada y fiera resistencia que encontró en el pueblo de Oc.

Arnau es el exponente más claro de ese clérigo medieval sin escrúpulos y sin humanidad para quien Dios sigue siendo un ser justiciero implacable que se congratula con la muerte de los que no comparten la fe católica. Es un claro ejemplo de la mentalidad cruel y sanguinaria de aquella época, y de las ideas fanáticas y exaltadas de un tiempo que no conocía la mesura. Pero eso no jutifica a Arnau Amalric. Hubo muchos clérigos en aquella época, y muchos no abogaron por aquellas matanzas y violencias. Arnau Amalric fue quien fue por sus actos, y de ellos tendrá que responder por sí mismo y no en base al tiempo que le tocó vivir.

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