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Archive for the ‘ángeles’ Category

bgMe ha costado pero al final he podido disfrutar de esta última iteración del personaje de Superman. Tranquilos. No voy a hacer como hacen muchos blogs y voy a desvelar los entresijos de la película. A mí lo que más me ha llamado la atención de la historia que cuenta la cinta no son los tremendos efectos especiales que contiene, ni su dinamismo frenético en algunos momentos, ni las diferencias con las versiones antiguas. Yo después de salir del cine me quedo con una frase que ya me cautivó cuando pude ver los anuncios de la película.

“Mi padre creía que si el mundo descubría quién era yo, me rechazaría. Estaba convencido de que el mundo no estaba preparado. ¿Tú qué crees?”

No he dejado de ver paralelismos entre algunas ideas que aparecen en “El predicador” y la nueva y profunda versión del Superman que han ideado Christopher Nolan y David S. Goyer. Para mí Nolan es un cineasta de quitarse el sombrero por la conversión tan adulta, seria y honda que está haciendo con algunos clásicos del cómic que ya se consideraban finiquitados y agotados. El tema del “ser superhumano” es un elemento cultural que creo que nunca debe darse por agotado. Desde la más lejana Antigüedad, en Grecia y más atrás, ya formaba parte de los mitos y leyendas de nuestra civilización. Héroes, dioses, semidioses, ángeles, santos… Durante toda la historia de la Humanidad hemos pretendido imaginar cuáles serían las peripecias y los avatares de un “ser con poderes sobrenaturales”. A qué dilemas y dramas tendría que enfrentarse, cuáles serían las reacciones humanas a sus actos.

Si de verdad existiera un ser con los poderes de un “Superman”, y si ese ser se diera a conocer de manera pública en el mundo, ¿cómo cambiaría ante ese hecho la Humanidad? ¿Qué implicaciones tendría para todos nosotros?

Yo creo que sería el momento más espectacular de la historia del mundo, y todo cambiaría para siempre.

En cierto momento de “El predicador” Rémy, el protagonista, le cuenta a Roxanne, la descubridora de su secreto, lo siguiente:

“Verás. El futuro de la Tierra está lleno de esperanza, Roxanne. Los padres de la orden Melquisedec, nuestros maestros, nos enseñan que en algún momento, dentro de muchos años, vuestra sociedad avanzará hasta volverse casi perfecta. Las guerras entre los reinos cesarán, habrá una paz universal, las enfermedades serán erradicadas, y el hambre, y todas las grandes amenazas que os asolan, todas desaparecerán. Cuando ese día llegue, entonces habrá llegado nuestra hora. Aquel día nosotros sí seremos apreciados como maestros y consejeros, y os ayudaremos a llevar todavía más allá ese gobierno celestial. Pero por ahora, es necesario que sea así, que sigamos en la sombra. Nadie debe conocer todavía nuestra existencia. Hay que dejar que esta maravillosa escuela que es la vida humana os siga enseñando muchas más cosas.”

Es decir, que el hecho de que un ser “sobrehumano” llegara a ser conocido en la Tierra cambiaría tanto nuestro mundo, que nos limitaría la capacidad de desear hacer las cosas por nosotros mismos, de luchar nuestras batallas más difíciles. Tenemos que lograr una paz universal, tenemos que combatir el hambre y la pobreza en el mundo, y tenemos que avanzar aún más en la salud. Y no podemos dejar estas cosas en manos de “alguien milagroso” que venga aquí a sacarnos las castañas del fuego. ¿Qué mérito tendríamos los seres humanos si nos quedáramos mirando cómo un Superman se encarga de todos nuestros problemas? Y de todas maneras, ¿podría un solo ser sobrenatural, por mucho poder que tuviera, cambiar la mentalidad de todo el planeta? Las guerras y la mala distribución de la riqueza no son un problema que pueda solucionar una única persona, o dos, o tres. Son cuestiones que nos atañen a todos, a nivel global.

Quizá la respuesta a la pregunta de los trailers sea “No, no estamos preparados“. El mundo todavía tiene que evolucionar y cambiar mucho para merecer la ayuda de un ser tan extraordinario y prometedor. Pero mi novela plantea la misma situación que la película y dice “Sí, en algún momento futuro el mundo logrará estar preparado“. Y ese día nuestros descendientes verán lo más “imposible que ahora podemos imaginar“: Supermanes en la Tierra.

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La novela “urantiana”

Habitualmente no me gusta categorizar nada. Eso de etiquetar las cosas siempre me ha parecido un intento de simplificar demasiado la realidad, y la realidad suele ser más compleja de lo que pensamos. Pero cuando algunas personas me han preguntado acerca de mis novelas, esa clásica pregunta de “¿y sobre qué género escribes?”, me veo muchas veces titubeando entre el apelativo a elegir. ¿Qué décir? ¿Que es novela histórica, sin más? ¿O como a veces suelo decir, “histórico fantástica”, esta última más bien por evitar ulteriores preguntas que por otra cosa, porque parece que todo el mundo entiende qué es eso de la “novela histórico-fantástica”? Que me aspen si sé lo que es algo así: ¿una novela histórica puede ser fantástica a la vez? Normalmente la novela o es histórica o fantástica. (Por mucho que un autor haya podido dejar caer algunas dosis de fantasía, incluso fantasía completamente irreal, dentro de una sólida novela histórica, la novela no deja de ser histórica.)

Pero lo cierto es que nunca me he sentido muy satisfecho diciendo eso. Realmente no escribo novela ni histórica ni fantástica, o al menos yo no lo veo así. Puede que me documente históricamente pero el tema central que busco nunca es la recreación histórica. Y puede que a muchos les suene a fantasía oír hablar de seres llamados “Importancia del Tiempo”, “Melquisedec” o “ángeles mediadores” (midwayers), pero para mí no es fantasía, tengo que decirlo. Para mí esto último es tan real como la realidad histórica y documentada que pueda rodear cada novela.

Puede sonar un poco “excéntrico” decir hoy en día que uno cree realmente en la existencia de ángeles y de otros seres propios de la mitología y el imaginario de las diferentes religiones antiguas. Poca gente considera hoy con un mínimo halo de credibilidad estos mitos antiguos. Quizá hablar de alienígenas, o de extraterrestres, suene más “moderno”, más “creíble”, para la generación en la que vivimos. Pero, ¿hablar hoy de ángeles o seres parecidos? ¿Acaso no nos suena un tanto infantil aquel a quien se le ocurre dilucidar sobre estos temas?

¿Cómo denominar entonces esto mío?

Pues lleva cierto tiempo revoloteando en mi cabeza una denominación, que como todas no me satisface, pero que al final expresa mejor que otras la realidad de lo escribo: “novela urantiana”.

Sí, ya lo sé. Suena pésimo eso de “urantiano”. A mí me suena a “marciano”. Pero puesto que soy creyente de unas revelaciones que han dado en llamarse “El Libro de Urantia” (aunque nos pese un poco el título y no sea del todo correcto), y puesto que tengo que afirmar que mi influencia primordial proviene de estas revelaciones, no parece descabellado que empiece a hablar de mis libros como de “novelas urantianas”.

Bueno, y a todo esto, ¿qué es la novela urantiana?

Pues básicamente son relatos o novelas cuya fuente esencial de inspiración son las revelaciones contenidas en “El Libro de Urantia”. Lo cual a muchos les llevará a hacerse una lógica nueva pregunta: ¿Y qué es “El Libro de Urantia”? Y ahí esta entrada dejaría de tener unos pocos párrafos y nos iríamos a una extensa explicación que es mejor no caer en ella. Baste decir que es “una puerta por la que se puede entrar en un mundo nuevo lleno de aires frescos y muy renovados sobre las antiguas ideas religiosas“. Pero es algo que no se puede explicar con palabras. Mejor dejo esa “puerta” ahí para que los lectores que de verdad tengan una mente abierta a nuevas ideas y ganas de descubrir otras alternativas a las creencias tradicionales la atraviesen si quieren. Quien quiera cruzar esa puerta no tiene más que googlear un rato y lanzarse a la aventura.

¿Exiten autores que hayan escrito ya “novela urantiana”?

Sí, ya lo creo, aunque ellos no lo estén denominando así. El mayor exponente es el escritor J. J. Benítez y su saga “Caballo de Troya“. Algunos otros de sus libros, como “El Testamento de San Juan“, no podrían caer en mejor denominación. Pero hay otros muchos autores no tan conocidos que también están en la línea. Algunos ejemplos: Christian Liur con “Los círculos de la Verdad“; George M. Barnard con “The search for 11:11“; Olga López con “Diálogos con Sofía“, “Nos vemos en tus sueños“, y “El largo viaje a Edén“; Miguel Ángel Antúnez con “Tropiezos con la Verdad“; Mark Kimmel con “Trillion“; Serge M. Jusyp con “Otma 82-The First Day“.

La lista no deja de crecer poco a poco. Y todos ellos tienen ese denominador común de estar animados por esa revolución silenciosa de las ideas que está introduciendo “El Libro de Urantia”. Una influencia discreta pero notable que está llegando cada vez más a más rincones literarios, y a más autores, y muchas veces sin que nos demos cuenta. Mi reconocimiento hacia ellos. Ojalá algún día se convierta esta creciente colección en un género en sí mimo.

Ya empieza a haber un buen número de títulos

Ya empieza a haber un buen número de títulos

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