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Durante este último mes he decidido retirar la novela El Predicador de la colección SB ebooks y cerrar el acuerdo que tenía con la Agencia Literaria Sandra Bruna. Me gustaría dejar constancia en este blog de mis motivaciones para hacer esto y de algunas consideraciones para el futuro.

El motivo de esta decisión no se debe en modo alguno a una desavenencia con la agencia literaria. Al contrario, respecto a la agencia Sandra Bruna sólo puedo tener buenas palabras, y en especial a Joan Bruna, un hombre muy agradable que me atendió con sumo afecto más allá de lo que cabría esperar de un agente literario hacia un escritor novel y desconocido. La agencia Sandra Bruna ha sido pionera con la colección SB ebooks, buscando una nueva manera de promocionar a los escritores noveles en un mundo literario que vive inmerso en un período de grandes cambios nada fáciles.

Desde luego ha habido cosas mejorables que resultan hasta cierto punto lógicas. Ninguna agencia literaria tiene experiencia en la actualidad en lo que significan la publicación digital y los nuevos medios de las redes sociales para promocionar escritores. Son campos tan novedosos y tan cambiantes, que ya resultan muy difíciles para una gran editorial, cuanto más para una pequeña agencia que a lo que se ha dedicado tradicionalmente es simplemente a buscar talentos y apoyarlos a través del contacto editorial, pero nunca a hacer ellos una verdadera labor editorial.

Pero todo eso no me ha decidido en absoluto a dar este paso. Mi motivación es más personal. Por una parte, ser escritor, hoy en día, excepto para el periodista que vive de escribir, es una tarea costosa que implica tiempo libre. Escribir novela histórica, además, implica un trabajo extra enorme que va mucho más allá de lo que supone escribir novela romántica o incluso fantasía. En una novela histórica hay un trabajo de documentación muy laborioso que luego el lector no sé si llega a apreciar. Para hacerse una idea, de todo el tiempo que he dedicado a mi novela, el 80% ha sido documentarme. A veces he llegado a leer un libro entero que finalmente sólo ha representado una frase en toda mi novela. Es así. Uno no sabe si va a encontrarse con algo de utilidad en el libro de un historiador hasta que lo lee.  Por lo que no queda otra que leer libros, cuantos más mejor, tomar notas, y ser muy ordenado con todo lo que se va apuntando.

Ahora mismo mi tiempo libre se ha visto reducido por docenas de ocupaciones que lo limitan. Sigo escribiendo, pero a un ritmo muy lento, así que no quiero presionarme, pero imagino que las siguientes partes de El Predicador y el resto de novelas que tengo en mente escribir, tendrán que esperar. Eso supone que quizá durante algún tiempo largo El Predicador sea una novela solitaria y sin continuación, cosa que no me gusta. Creo que el El Predicador sólo se apreciará bien cuando pueda ser leída la trilogía completa y se llegue a su final después de una larga y emocionante lectura. Por eso creo que será mejor posponer el que la novela esté accesible a un momento en que todo el texto de las tres partes esté listo.

Unido a esto está el tema de la publicación en digital. La verdad es que resulta sumamente decepcionante cómo está el panorama digital en español. Se ha ido avanzando tan despacio durante estos años en España y en los países de habla hispana, que muchísima gente ha tomado la calle del medio y se ha puesto a descargar libros digitales de forma indiscriminada. Ahora, la gente ya se ha acostumbrado a la idea de que un libro digital es algo por lo que no hay que pagar, que siempre hay alguna web de descargas donde se puede encontrar cualquier libro, y ya no hay forma de cambiar esa actitud. Yo pensé que esto sólo ocurría con libros muy caros, que no se abarataban al pasar al formato digital, o con libros que directamente las editoriales o los autores se negaban a publicar en digital. Pero la sorpresa es que mi libro, que estaba a la venta por unos míseros 4 euros, cuando tiene una extensión muy larga, me lo encontré pirata a las pocas semanas de que saliera a la venta. ¡Es el colmo! Ya no sé qué espera la gente como precio aceptable para un libro digital. Imagino que la gente espera que los libros dejen de costar dinero.

Personalmente no escribo porque quiera ganar dinero vendiendo libros. Si buscara eso habría partido en tres la primera parte de mi novela y hubiera publicado tres libros en lugar de sólo uno. Muchos autores que publican en digital están haciendo eso. Escriben libros más cortos y crean varias partes donde antes se crearía un único título. Madre mía, si Tolkien levantara la cabeza, él que tanta lata dio para que le publicaran El Señor de los Anillos como un único libro y al final no lo consiguió.

Pero si me voy a gastar unos cuantos miles de euros en divulgar mi novela para tratar de llegar a todos los lectores que pueda, entonces el dinero pasa a ser un problema. Quizá por eso me estoy planteando hacer gratuita esta primera parte de El Predicador y publicarla yo mismo sin cobrar por ella. Si la gente no quiere valorar el esfuerzo que implica escribir un libro y no van a remunerar ese coste que conlleva el tratar de que una editorial te haga caso, entonces lo mejor para obtener cierta divulgación va a ser publicarse de forma gratuita. Así yo no gasto dinero contratando agencias o haciendo marketing por Internet, y por tanto no tengo que recuperar esa inversión poniendo un precio a mi novela. Aún así, me seguirá dando pena ver que la gente no valora el esfuerzo enorme que conlleva escribir, y más aún escribir una novela histórica como es El Predicador, una novela que si algún día puedo llevar a toda su extensión se podrá comprobar que contempla no sólo innumerables localizaciones por toda la geografía humana, sino diferentes épocas históricas y multitud de personajes.

En fin, esta es la motivación que hay detrás de todos estos cambios. De momento, todos los enlaces a las tiendas online donde se podía comprar la novela van a desaparecer y sólo estarán disponibles algún día, cuando yo pueda considerar que esta obra finalmente está lista para ser publicada.

Todo el cristianismo es dualista. Como también lo es el Islamismo, o el Judaísmo. Es la eterna explicación sobre el universo basándose en una lucha entre un Bien y un Mal. Y además un Bien y un Mal que combaten en igualdad de poderes. Nunca se ha concebido por parte de estas tres grandes religiones que el Bien pudiera estar poderosamente por encima del Mal. ¿Cómo explicar entonces las injusticias del mundo? Es una ecuación que siempre se ha utilizado de la misma manera porque nunca se ha pensado en una segunda posibilidad: el bien auto-limitado.

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Pero vayamos por partes para explicar con más calma todos estos conceptos y no perder al lector.

Es muy habitual tomar un libro o una revista sobre el catarismo y leer cosas como: “Para los cátaros no había un solo dios, sino que existían dos realidades opuestas: el bien y el mal, y dos divinidades irreconciliables, Dios y Satán”.
Pero la frase es correcta excepto en su inicio. “Para los cátaros”. Es decir, los cátaros, como grupo hereje excindido del cristianismo católico, parece que por definición debía tener algo radicalmente distinto en sus creencias. Si no, ¿por qué se les consideraba herejes? La realidad es muy diferente.

Los herejes de los siglos XII y XIII eran simplemente católicos que no admitían la autoridad de los clérigos de Roma. Daba igual sus creencias particulares. Hubo muchos herejes de estos siglos que eran más católicos que los propios católicos, como los valdenses, pero de esos casi no se habla. Resultan demasiado chocantes para la típica mentalidad de “hereje = diferente”.

Los cátaros no fueron los únicos dualistas. De hecho el propio catolicismo, desde sus raíces, es dualista implícito. El catolicismo es un cúmulo de creencias contrapuestas debido a su tendencia a adoptar de aquí y de allá cultos diversos para ganar más adeptos. Del judaísmo heredó un buen número de creencias en ángeles y demonios, y por tanto, en fuerzas del bien y del mal que combaten desde épocas legendarias en una guerra un tanto inexplicable pero de gran interés para el imaginario colectivo. De otras religiones de misterio, el catolicismo heredó el culto a los héroes, convertido en culto a los santos y los mártires. Etcétera.

Los católicos, para aparentar seguir una doctrina recta y verdadera, dogmatizaron y predicaron que por encima de cualquier poder o fuerza siempre estaba Dios, pero después, no dudaron en divulgar en corrillos más cerrados acerca de la existencia del Diablo y de sus poderes, que podían lograr posesiones, malas cosechas, y todo un sinfín de desgracias. Simplemente, los católicos no eran sinceros. Eran dualistas hasta la médula, pero de forma externa, y de cara a la galería, aparentaban ser monoteístas. Admitían a un único Dios Todopoderoso, pero luego temían a un Diablo más poderoso aún.

Los cátaros fueron, simplemente, católicos con dualismo explícito. No ocultaban su dualismo, sino que lo recalcaban como cosa natural puesto que ya era algo natural para miles y miles de católicos que creían sinceramente en el enorme poder del Diablo como fuerza contrapuesta a Dios.

Hay que pensar que la mentalidad del medievo era muy económica en cuanto a la complejidad de sus aserciones. Esa economía de pensamiento era la norma general del pueblo llano. Y esa economía de pensamiento seguía la ley de que una creencia sólo era válida si explicaba la situación del mundo natural, no sólo la situación del mundo espiritual. Por tanto, en un mundo natural en el que no reinaba la paz y la justicia, ¿cómo explicar a una persona de la Edad Media que Dios era Todopoderoso? Esa creencia era una esperanza de cumplimiento, no un hecho. Se necesitaba un poder tan grande como el de Dios para contrarrestarlo y dar explicación a la existencia de la injusticia en el mundo. El catolicismo lo hacía, siempre en corrillos pequeños, aunque luego los frailes tuvieran prohibido declarar que Dios y el Diablo estaban en igualdad de poderes. Había que hacer pensar al pueblo llano que los clérigos servían a un Rey Omnipotente, porque si no, ¿qué justificación podía dar Roma de su poder? Pero luego, a la hora de explicar el mundo y su estado de caos, los frailes eran incapaces de dar una explicación racional para el pueblo llano sin el uso del elevado poder del Diablo.

Así que esto es lo que quiero decir cuando declaro que todo el cristianismo era, ha sido y es dualista. Nunca ha sido monoteísta, y probablemente nunca lo será. Seguirá siendo una fe que postula la existencia de dos poderes contrapuetos en igualdad de poder, y por tanto, de dos divinidades.

Para lograr una correcta aproximación al monoteísmo, el cristianimo sólo tiene un camino, camino que aún no ha sido iniciado por él. Debe lograr explicar el aparente fracaso de la justicia y del Bien en el mundo material. Está claro que en el mundo espiritual Dios triunfa sobre el Diablo. Él es encadenado, él es destronado, un Hijo de Dios llamado Jesús de Nazaret le derrotó al no plegarse a sus tentaciones y propuestas, pero ¿qué ocurre con el mundo material? Este mundo sigue padecencia guerras, hambrunas, devastaciones diversas siglo tras siglo sin que haya notables cambios. ¿Cómo explicar el triunfo de Dios sobre el Diablo en el mundo material?

El único camino es la auto-limitación. Dios, simplemente, tiene un poder superior al del Diablo, pero de momento, y de forma paciente, no lo despliga, no lo usa. No lo muestra. Lo auto-limita, lo tiene escondido con un propósito. No quiere imponer su autoridad de un modo autoritario, desea que sus seres inferiores aprecien su sabiduría y abracen su plan celestial, pero sin la imposición, sin la fuerza. Y el único modo es dar una sensación de fragilidad, de aparente igualdad a sus seres inferiores. Por eso hubo un Dios que se hizo hombre. Por eso lo de arriba aparenta ser igual a lo de abajo. Pero no hay, hoy por hoy, un Dios que ejerza su papel de forma Todopoderosa, aunque podría.

Visto desde este prisma, tanto católicos como cátaros acertaron a su modo en sus observaciones y sus explicaciones sobre el mundo. Cada uno aportó una parte de una verdad mayor. Pero ninguno de ambos llegó a vislumbrar de verdad lo que significa un verdadero poder monoteísta. Como les ocurrió a los judíos antes que ellos, y a los musulmanes después. Y como toda la Humanidad aún espera. Lograr comprender qué significa para el mundo un poder monoteísta Todopoderoso.

Radio

Mi buena amiga Ainhoa Sagarribai ha tenido la gentileza de entrevistarme para el programa “El sendero de las letras”, de Dime Radio, en Santander. Desde aquí le mando todo mi agradecimiento y un fuerte abrazo. Ainhoa no sólo es una magnífica escritora sino que además se dedica admirablemente bien a difundir las Letras. ¡Felicidades, Ainhoa, y gracias de nuevo!

Enlace a Dime Radio: http://www.microfonodecantabria.com/DIME_RADIO.php

Enlace a la entrevista: http://www.ivoox.com/jan-herca-audios-mp3_rf_3784164_1.html

“Carcasona era un ciudad regia y señorial. Rodeada de una gruesa muralla y elevada toda ella sobre una colina, se divisaba desde lejos en medio de los interminables campos de viñedo. No era una colina tan elevada como la de Béziers, pero era lo suficiente como para permitirla adoptar una mirada altiva sobre los contornos. Rodeándola en todo su perímetro, un amplio foso seco, atravesado por varios puentes levadizos, era su mejor protección. En los torreones ondeaban los estandartes del vizconde, dorados y con plateadas bandas de armiños.”

Carcasona era la capital del vizcondado de los Trencavel, el Carcasés. Una familia de orgullosos nobles que habían tenido sus más y sus menos con los condes de Toulouse, pero que a principios del siglo XIII eran firmes aliados de ellos. No en vano, el joven Raymond Roger Trencavel, el vizconde en ese momento, era sobrino de Raimundo de Toulouse.
Los lazos familiares, sin embargo, no fueron suficientes para unirlos contra la terrible cruzada que se abatió sobre ellos. Cuando el conde Raimundo vio llegar en 1209 a aquella formidable hueste que se formó bajo el mando del abad Arnau Amalric, el noble tolosano no lo pensó ni un instante y se avino a un acuerdo y a recibir una humillación pública, dejando que toda la culpabilidad hereje recayera en su sobrino.

La ciudadela de Carcasona, Patrimonio de la Humanidad por la Unesco

Carcasona es una de esas pocas excepciones de ciudades medievales que han sobrevivido a la destrucción y el paso del tiempo. Se encuentra en perfecto estado de conservación y dispone de unas murallas únicas en el mundo. No es de extrañar que se hayan rodado allí muchas películas ambientadas en época medieval.
Las murallas actuales de la villa y esos tejados de pizarra que tienen sus torres no eran las mismas que existieron a principios del siglo XIII excepto en algún tramo, pero permiten hacerse una idea muy exacta de cómo fue la ciudad antes de su primera gran remodelación.

Contaba con dos burgos amurallados, uno al norte y otro al sur, además de otro burgo no amurallado al oeste, cerca del río Aude, que rodeaba la ciudad por la zona occidental. La segunda zona de murallas que hoy se aprecia en la ciudad no existía en el momento de estos primeros compases del siglo XIII. A pesar de todo, la ciudad era un verdadero fortín que con acertada decisión no dudó en desafiar a la cruzada y plantear resistir su asedio.

Milo y Rémy, nuestros protagonistas, tuvieron allí una nueva oportunidad de hacer frente a las tropas cruzadas. En ese momento la ciudad estaba a rebosar de nobles y caballeros que habían acudido con todos sus hombres en ayuda de Trencavel, dispuestos a hacer frente al invasor. ¿Lograrían parar su avance doblegando a los cruzados a un acuerdo o al deshonroso abandono del asedio? Si quieres conocer cuál fue el desenlace de este enfrentamiento épico, no lo dudes y lánzate a la leer “El predicador”.

Plano de Carcasona

Al igual que durante las últimas semanas he ido compartiendo fragmentos de la novela, voy ahora a iniciar una colección de entradas en las que semanalmente iremos haciendo un recorrido geográfico por las diferentes localizaciones de la novela. Se trata de un interesante viaje que os animo a que no os perdáis.

“La ciudad de Béziers era una fortaleza inexpugnable. (…) Sus altas y gruesas murallas formaban un recinto fuertemente cerrado, con numerosas esquinas y torreones circulares cada cierta distancia, donde poder atrapar en un fuego cruzado a los enemigos. Los escasos portones que las atravesaban estaban bien protegidos. Rodeando la muralla se disponía un ancho foso seco, que en la parte oeste lo formaba el río Orb, ancho y caudaloso. Para cruzar el río sólo había un puente romano, un auténtico embudo que hacía impensable un ataque por esa zona.”

Así vieron Rémy y Milo a Béziers cuando se dispusieron a defenderla junto a sus nobles habitantes en aquel aciago julio de 1209. Béziers era una ciudad que había sufrido mucho para lograr su independencia frente a los condes que la quisieron doblegar, y estaba más que dispuesta a vender muy cara su piel antes que perder su peleado autogobierno.

Béziers y su puente sobre el río Orb

Béziers era un antiguo enclave romano situado en la via Domitia. Situada en un promontorio junto al río Orb, la ciudad crecía en altura con rapidez alrededor de esa elevación. Se podía decir que tenía dos murallas, la segunda formada por los muros de contención que rodeaban la zona de la catedral. Su disposición la hacía parecer muy segura, y así debieron sentirse sus habitantes cuando decidieron presentar resistencia frente a todo un formidable ejército de más de cien mil cruzados en 1209. El puente romano y el río hacían de infranqueable barrera, y gran parte de su perímetro estaba rodeado por el agua. Con semejantes defensas, la ciudad parecía preparada para resistir la temible acometida de los cruzados. Pero ocurrió lo que nadie esperaba…

Si quieres saber más acerca de esta historia, no dudes en lanzarte a leer “El predicador”.

Esquema de la ciudad en el siglo XIII

Esquema de la ciudad en el siglo XIII

Castillos en el AireAyer disfruté mucho con la entrevista que me hizo Javier Fernández, del programa “Castillos en el Aire” de Radio21. Mi agradecimiento hacia él y su equipo por la magnífica labor de difusión de la literatura y de apoyo hacia escritores noveles. No os perdáis la entrevista. Dejo aquí el enlace. Os recomiendo todo el programa pero si queréis escuchar la entrevista empieza a partir del minuto 38.

Castillos en el aire – programa 19-02-2014

La historia le ha conocido sobre todo por una frase: “Matadlos a todos, Dios reconocerá a los suyos”. Una frase sobre la que caben pocas dudas de que la haya pronunciado. Pero fueron más sus actos que sus frases las que hablaron por él. Y este clérigo ambicioso e inmisericorde se ha ganado un puesto en el podio de los hombres más despiadados de su tiempo.

Arnau Amalric nació en Narbona y tuvo una meteórica carrera en la Iglesia, donde tras ser nombrado abad de varios de los monasterios más prestigiosos, llegó luego al más alto cargo de Cîteaux. El papa Inocencio en seguida le fichó como legado, y aunque no le concedió la púrpura cardenalicia, sí que debió asegurarle un cargo muy sustancioso, a juzgar por lo que luego ocurriría.

Corría el 12 de marzo de 1212 y el antiguo abad no dudó en nombrarse a sí mismo tanto arzobispo como duque de Narbona. Semejantes atribuciones no pasaron desapercibidas para nadie en su época. El ducado de Narbona correspondía adjudicarlo al conde de Toulouse, y el aspirante a gobernar esas tierras, el cruzado Simón de Montfort, también estaba detrás del título. ¿Y el Papa le depuso de este cargo? Al contrario, dejó la cosa estar. Sin duda porque ya antes había hechos ciertas promesas al fiel Arnau.

El esperpento que esto debió ocasionar en la época es digno de leerse en las crónicas, que no saben cómo tratar este tema. Un clérigo que adopta cargos civiles y a la vez mantiene los eclesiásticos no era algo tan raro en la Edad Media, pero de tal calibre es quizá uno de los pocos casos. El asunto derivó en un conflicto bastante peliagudo en el que el Papa finalmente tendría que intervenir para reducir la desmedida ambición del clérigo.

Quizá este fue el gran problema de Arnau Amalric. Este hombre no conocía límites a su ambición. Cuando dirigió al ejército que debía reinstaurar el catolicismo en los condados meridionales no se contentó con quitar y poner unos pocos condes y con eliminar a unos cuantos herejes, como otras acciones militares similares habían hecho en el pasado. Pasó a cuchillo a toda la población de Béziers como escarmiento, y luego no paró hasta hacer excomulgar a todos y cada uno de los condes meridionales. Sencillamente, quería echar a toda la nobleza occitana de sus tierras, y suplantarla por nobleza venida de Francia. Y hubiera tenido éxito de no ser por la enconada y fiera resistencia que encontró en el pueblo de Oc.

Arnau es el exponente más claro de ese clérigo medieval sin escrúpulos y sin humanidad para quien Dios sigue siendo un ser justiciero implacable que se congratula con la muerte de los que no comparten la fe católica. Es un claro ejemplo de la mentalidad cruel y sanguinaria de aquella época, y de las ideas fanáticas y exaltadas de un tiempo que no conocía la mesura. Pero eso no jutifica a Arnau Amalric. Hubo muchos clérigos en aquella época, y muchos no abogaron por aquellas matanzas y violencias. Arnau Amalric fue quien fue por sus actos, y de ellos tendrá que responder por sí mismo y no en base al tiempo que le tocó vivir.